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jueves, 17 de abril de 2008

LA FABULA

Esto es un tributo a la fabula y a Tomás de Iriarte ,dramaturgo de una originalidad excepcional,que sigue con su obra esclareciendo dos siglos y medio depues situaciones que vivimos hoy en dia poniendoles un punto de ironía:


Esta para alguna mujer que conozco, con mucho cariño


Los dos conejos


No debemos detenernos en cuestiones frívolas,
olvidando el asunto principal



ArribaAbajo Por entre unas matas,


seguido de perros


-no diré corría-


volaba un conejo.



De su madriguera 5

salió un compañero,


y le dijo: «Tente,


amigo, ¿qué es esto?»



«¿Qué ha de ser? -responde-;


sin aliento llego... 10

Dos pícaros galgos


me vienen siguiendo».



«Sí -replica el otro-,


por allí los veo...


Pero no son galgos». 15

«¿Pues qué son?» «Podencos».



«¿Qué? ¿Podencos dices?


Sí, como mi abuelo.


Galgos y muy galgos;


bien vistos los tengo». 20


«Son podencos, vaya,


que no entiendes de eso».


«Son galgos, te digo».


«Digo que podencos».



En esta disputa 25

llegando los perros,


pillan descuidados


a mis dos conejos.



Los que por cuestiones


de poco momento 30

dejan lo que importa,


llévense este ejemplo.



Esta para los que están hartos de aguantar
tonterías lingüisticas


Los dos loros y la cotorra


Los que corrompen su idioma no tienen otro desquite que llamar puristas a los que le hablan con propiedad, como si el serlo fuera tacha


ArribaAbajo De Santo Domingo trajo


dos loros una señora.


La isla en parte es francesa,


y en otra parte española.


Así, cada animalito 5

hablaba distinto idioma.


Pusiéronlos al balcón,


y aquello era Babilonia.


De francés y castellano


hicieron tal pepitoria, 10

que al cabo ya no sabían


hablar ni una lengua ni otra.


El francés, del español


tomó voces, aunque pocas;


el español al francés, 15

casi se las toma todas.


Manda el ama separarlos,


y el francés luego reforma


las palabras que aprendió


de lengua que no es de moda. 20

El español, al contrario,


no olvida la jerigonza,


y aun discurre que con ella


ilustra su lengua propia.


Llegó a pedir en francés 25

los garbanzos de la olla;


y desde el balcón de enfrente


una erudita cotorra


la carcajada soltó,


haciendo del loro mofa. 30

Él respondió solamente,


como por tacha afrentosa:


«Vos no sois que una PURISTA».


Y ella dijo: «A mucha honra».


¡Vaya, que los loros son 35

lo mismo que las personas!







Esta para los que están hartos de los liendres de este mundo, que de mucho hablan y de poco entienden

ArribaAbajo


El pato y la serpiente





Más vale saber una cosa bien que muchas mal






ArribaAbajo A orillas de un estanque,


diciendo estaba un pato:


«¿A qué animal dio el cielo


los dones que me ha dado?






Soy de agua, tierra y aire: 5

cuando de andar me canso,


si se me antoja, vuelo;


si se me antoja, nado».






Una serpiente astuta,


que le estaba escuchando, 10

le llamó con un silbo


y le dijo «¡Seó guapo!






no hay que echar tantas plantas;


pues ni anda como el gamo,


ni vuela como el sacre, 15

ni nada como el barbo;




y así, tenga sabido

que lo importante y raro



no es entender de todo



sino ser diestro en algo





20

La hormiga y la pulga





Para no alabar las obras buenas, algunos
las suponen de fácil ejecución






ArribaAbajo Tienen algunos un gracioso modo


de aparentar que se lo saben todo,


pues cuando oyen o ven cualquiera cosa,


por más nueva que sea y primorosa,


muy trivial y muy fácil la suponen, 5

y a tener que alabarla no se exponen.


Esta casta de gente


no se me ha de escapar, por vida mía,


sin que lleve su fábula corriente,


aunque gaste en hacerla todo un día. 10





A la pulga la hormiga refería


lo mucho que se afana,


y con qué industrias el sustento gana;


de qué suerte fabrica el hormiguero,


cuál es la habitación, cuál el granero, 15

cómo el grano acarrea,


repartiendo entre todas la tarea;


con otras menudencias muy curiosas


que pudieran pasar por fabulosas,


si diarias experiencias 20

no las acreditasen de evidencias.






A todas sus razones


contestaba la pulga, no diciendo


más que estas u otras tales expresiones:


«Pues ya..., sí..., se supone, bien..., lo entiendo..., 25

ya lo decía yo..., sin duda..., es claro...,


está visto: ¿tiene eso algo de raro?»






La hormiga, que salió de sus casillas


al oír estas vanas respuestillas,


dijo a la pulga: «Amiga, pues yo quiero 30

que venga usted conmigo al hormiguero.


Ya que con ese tono de maestra


todo lo facilita y da por hecho,


siquiera para muestra,


ayúdenos en algo de provecho». 35





La pulga, dando un brinco muy ligera,


respondió con grandísimo desuello:


«¡Miren qué friolera!


Y ¿tanto piensas que me costaría?


Todo es ponerse a ello... 40

pero... tengo que hacer... Hasta otro día».


































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