La ciudad de Tartessos
En efecto, existió un aventurero heleno que llevó a cabo aquella empresa, un hombre del valor del Capitán Coleo. Vivió poco antes de Heródoto y habitó en la colonia griega de Marsilia, el actual puerto de Marsella, en el sur de Francia. Su nombre era Euritémenes. Desgraciadamente, Heródoto no sospechó la existencia ni las hazañas de ese tal Euritémenes y por eso nosotros tampoco sabemos mucho acerca de él. Parece que el capitán marsellés atravesó dos veces, no se sabe de qué manera, el estrecho de Gibraltar, cerrado por los cartagineses (en el caso de que no viajara como tripulante de embarcaciones cartaginesas) y visitó las costas occidentales de Africa y de Europa. En un derrotero escrito por él y descubierto mucho tiempo después, habla de la existencia de innumerables animales, de ríos del Africa Occidental, de los vientos huracanados del golfo de Vizcaya y -lo que para nosotros tiene un interés especial- de la ciudad de Tartessos y de los viajes de sus habitantes a las islas británicas, donde iban en busca de estaño.[...] (H.Wendt) La ciudad de Tartessos:
Las noticias, en gran parte de origen griego, que se tienen sobre el imperio de Tartessos, son bastante vagas y están entremezcladas con elementos evidentemente legendarios. Algunos hallazgos arqueológicos confirman la existencia de una rica cultura con abundantes elementos orientales. La ciudad de Tartessos, ubicada, según los autores griegos, en la desembocadura del Guadalquivir, no ha podido ser descubierta. Schulten la buscó entre las islas de la desembocadura del río, en el cerro del Trigo, en la comarca de Jerez (Mesas de Asta). Otros creen que estuvo en Sevilla, en otras ciudades y en la desembocadura del Tinto y el Odiel, localización que se ajusta más a las veladas alusiones de Homero y a la descripción de la Ora Maritima del poeta romano Avieno. La navegación:
Se ha dicho que Tartessos era una thalasocracia y, en cierto sentido, es verdad. Los mejores navegantes de altura de la época fueron ellos, precisamente. Y no sólo en viajes comerciales, sino para dedicarse a la pesca. Viajaron por el Atlántico y el Mediterráneo, mucho antes de que las clásicas potencias marítimas de la historia antigua conocieran tan sólo la forma de atravesar el proceloso océano. Ya de antiguo, dominados por la pasión del comercio, empezaron navegando en barcos de pieles cosidas. Más tarde, dominada la técnica de la construcción de naves en madera (llamadas "caballlos", debido a las figuras de sus proas) llegaron pescando hasta el oeste de Africa; concretamente, hasta el río Lixus y el río de Oro. Por el Norte, yendo a la busca de estaño, se dirigían hasta las islas Casitérides, fuesen éstas Bretaña o las islas Británicas. Sólo más tarde, dominados ya por otros pueblos conquistadores, pudieron estos conocer sus secretos de navegantes tan celosamente guardados. Y aún fue con ayuda de los tartessios que pudieron aquellos efectuar sus grandes periplos por el norte y el sur del océano Atlántico. (Jorge Ventura) Comercio de Tartessos con fenicios y griegos focenses:
Hacia el siglo XII a.de C., con la fundación de Gadir (Cádiz), los fenicios entraron en contacto con Tartessos. Adquirían el estaño que los tartessios iban a buscar a las islas Casitérides y otros minerales extraídos en el mismo imperio. Un intento tartessio de sacudirse el monopolio fracasó. Sin embargo, la conquista de Tiro por los asirios en el siglo VII permitió a los griegos focenses entrar en contacto con Tartessos. Durante más de un siglo, los focenses mantuvieron un activo comercio con Tartessos. En esta época se sitúa el reinado de Argantonio, primer gran personaje peninsular de los que se poseen datos seguros. Debió nacer en el año 620 a.de C. y debió de fallecer hacia 540 a.de C. Cuentan los griegos que recibió a Colaios de Samos y que dio plata a los foceos para fortificar su ciudad y les invitó a establecerse en territorio tartéssico. La longevidad legendaria del rey peninsular inquietó ya a autores serios como Hesíodo, que intentó explicarla a su modo, proponiendo la idea de un reinado de 80 años. Los griegos, de todos modos, convirtieron al prototípico Argantonio (su nombre parece uns derivación del griego argyros, plata) en algo proverbial, y a su país, en un ejemplo de la edad de oro de la Humanidad. (Jorge Ventura) La derrota de Alalia (540 a.de C.) apartó a los focenses del comercio con Tartessos, que entonces inició su decadencia. Hacia 500 a.de C., el imperio de Tartessos fue conquistado por los cartagineses. Los tartessios tenían una cultura bastante evolucionada, fruto de su relación intensa con las civilizaciones más avanzadas. Sus ciudades (hasta 200 según autores de la época romana) alcanzaron un alto nivel administrativo. Caro Baroja describió las peculiaridades de estas ciudades, de las que conocemos algunos nombres como Calathe (junto a las llamadas columnas de Hércules), Elibirge, Ligustina, Menobora, Molibdana y Sixo. Avieno describe, en la costa, las ciudades de Malaka o Mainaké, Herna y Massia. Eran excelentes metalistas. Crearon un alfabeto, mezcla de signos griegos, fenicios y otros de origen desconocido. No ha sido posible descifrar su lengua. Tras la desaparición de Tartessos, los tartessios fueron conocidos como turdetanos, en las zonas próximas al mar, y como túrdulos, en las regiones interiores.